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Elías Rodríguez Rodríguez
A mediados del siglo XII se produce en estas tierras
zamoranas un proceso de reordenación del territorio por la intervención
real, primero de Alfonso VII y después de su hijo, Fernando II, que
conlleva la refundación del Monasterio de Moreruela sobre las ruinas de
un antiguo establecimiento monástico y su integración en la Orden
Cisterciense, y la reorganización de Villafáfila como villa real, con la
dotación de un concejo, la concesión de unos fueros y la asignación de
un alfoz. Desde el principio ambas instituciones mantuvieron unas
relaciones cordiales con la adquisición de propiedades por el
monasterio, y la administración de una granja y un cellario en la
villa. La permuta de las propiedades que el Monasterio de Sahagún tenía
en la comarca en 1254, en alguna de las cuales los vecinos de
Villafáfila tenían ciertos derechos, originó un serie de enfrentamientos
entre el convento y el concejo que se mantuvieron hasta la desaparición
del monasterio en el siglo XIX, e incluso la disputa continuó entre las
villas de Villafáfila y Granja de Moreruela hasta 1965.
Parece, según tradición, que el monasterio
cisterciense de Moreruela tuvo sus orígenes en un viejo establecimiento
monástico fundado por el primer obispo de Zamora, Atilano, en el siglo
X, bajo la advocación de Santiago, aunque todavía existe cierta
controversia sobre su ubicación a una u otra orilla del río Esla,
discutiéndose si se trataría del posterior monasterio bernardo, cuyas
ruinas perviven o correspondería a otro situado en Moreruela de Tábara.
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La donación de Alfonso VII de 1143 de la villa de
Moreruela de Frades, cuyo apelativo es bien claro respecto a la
pertenencia previa a una comunidad monástica, por mucho tiempo
abandonada, a los frailes Pedro y Sancho, pone en marcha el
establecimiento de un nuevo monasterio, acogido a la reforma
cisterciense. En la delimitación de esta donación se reflejan unos
términos muy vagos, sobre todo en los referidos a la zona oriental:
limita con los términos de Castrotorafe, Riego y Manganeses, y se pasa a
citar Santovenia, La Pedrera y Tábara, dejando un hueco sin delimitar
entre Manganeses y Santovenia que corresponde a los imprecisos límites
de Santo Tirso, Muélledes y Villafáfila.
Una de las primeras zonas de expansión del monasterio
cisterciense es la de Villafáfila y su entorno. En 1162 reciben donación
de heredades en Falornia, cerca de Villarrín, y ese mismo año ya habían
establecido una granja, que era la fórmula de explotación del patrimonio
de los monjes blancos, en Villa Ordoño y Oterino, además de poseer viñas
en Villafáfila. En esta villa los monjes de Moreruela no sólo estaban
interesados en la adquisición de bienes raíces sino que pretendieron
participar en las rentas decimales que generaba la sal, y en 1206
reciben del rey Alfonso IX la mitad del diezmo de las salinas de
Lampreana, concesión que chocaba con el disfrute de la tercia por parte
del obispo de Astorga desde la época del Emperador en 1154, y no tardó
en surgir un pleito entre ambas instituciones ante el pontífice romano,
que debió de resultar favorable a Astorga. Las propiedades de
Villafáfila debían ser ya importantes a principio del siglo XIII, pues
en 1208 ya tenían entidad de granja que era el sistema de explotación de
las heredades de los monasterios cistercienses "grangiam de Villa
Fafila et grangiam de Autero cum salinis et aliis pertinencis suis",
esta granja de Autero debía estar situada en la aldea de Oterino (el
antiguo Auterol), en Villarrín, donde a finales de la Edad Media
poseían varias heredades concentradas, y no en Otero de Sariegos. Además
de la granja de Villafáfila, tenían en la villa un cellarium, o
almacén situado en las principales ciudades y villas del entorno del
monasterio (Salamanca, Zamora, Benavente, Toro, Villalpando y Tordehumos),
como centro de recogida y distribución de granos. Estos bienes se
incrementan en 1214 por una donación que hace Alfonso IX de la heredad
de su realengo en Villafáfila, quizá como compensación a la pérdida del
pleito antedicho.
Los grandes conflictos entre el abad y convento de
Moreruela y los vecinos de Villafáfila, que se mantuvieron a lo largo de
toda la existencia de monasterio, surgieron a raíz de la adquisición de
Montenegro por aquel, pues allí pastaban los ganados de los vecinos de
Villafáfila y en esos montes cortaban leña sus vecinos.
Los montes de Montenegro habían sido donados al
Monasterio de Sahagún en 951 por el rey Ordoño III y estaban vinculados
con las pausatas que tenían en Lampreana, para su suministro de
leña para los procesos de elaboración de la sal.
Estaban situados a ambas márgenes del río Esla a la
altura del Piélago de Mancorvo, entre San Lorenzo, la peña de Vecilla y
el camino que discurría de Vecilla a la carrera de Lampreana, y en la
ribera izquierda desde la peña de Mancorvo por el Sierro, por el camino
de Bretó a Moreruela y por la carrera que iba de Lampreana hasta
Vecilla, además esta heredad de Montenegro tenía un cañal sobre el río
Esla, seguramente el Cañal del Collado.
En el siglo XII surgen diferencias entre Sahagún y
Moreruela por la expansión de este monasterio hacia las heredades que
llevaban en poder de Sahagún más de dos siglos, y se impone un acuerdo o
un pleito entre ambos cenobios. En 1182 mediante un convenio firmado por
ambas comunidades monásticas se reparten la heredad de Maguetes, que
había sido comprada por el monasterio leonés en 971, pero que dada la
cercanía al coto del monasterio cisterciense era muy importante para
Moreruela; en esta partición intervienen como divisores cuatro vecinos
de Villafáfila, que sospecho se trataba de los alcaldes de aquel año y
los testigos del documento son vecinos de los pueblos colindantes: de
Muélledes, de Benavente, de la que dependía Bretó, de Villafáfila y de
Oter de Frades, que pertenecía a Sahagún. La participación de vecinos de
Villafáfila como divisores de la heredad y como testigos sólo se explica
por que sus términos incluirían o serían rayanos con Maguetes.
El interés de Moreruela por estos territorios
cercanos a la abadía continúa y en 1254 el monasterio de Moreruela
obtiene, mediante permuta, todas las heredades que el monasterio de
Sahagún tenía en Muélledes y en Montenegro. Estas propiedades debían de
ser problemáticas en cuanto a sus límites y usos, por lo que al
monasterio de Sahagún no le reportarían muchos beneficios, pero que el
monasterio de Moreruela pretendía poner en valor, dada su cercanía al
coto monástico.
En la permuta se especifica que se cambian la
heredades que Sahagún tiene en Montenegro y en Muélledes, a cambio de
las que Moreruela tenía en Prado, Quintanilla y Villalpando. Se aclara
que es la heredad que habían recibido del rey Ordoño III, por lo que
supongo que correspondería a lo que en 1201 se denomina ya La Pedrera,
Matilla y Maguetes. Esta donación es conflictiva porque la imprecisa
delimitación se hace desde la ribera derecha del Esla hasta los términos
de Muélledes, un espacio amplísimo, cuya demarcación por el Este no se
correspondía con los documentos de donación de Ordoño III, ni con las
compras de Sahagún.
Así mismo el día de la permuta se firma otro
documento por el que el monasterio de Sahagún se libera de la obligación
de hacer sanas las posibles reivindicaciones de Moreruela sobre aguas y
términos, salvo del deber de ayudarle con las cartas y documentos que
tienen en su poder: " Si por aventura nos mas podieremos ganar de las
aguas e de los terminos....mas si lo nos quisieremos demandar, nos lo
demandemos ... e vos aiudarnos a bona fe, sin mal enganno, con
cartherizas e con testimonios como los vos avedes". Por este
documento sabemos las intenciones que tienen los de Moreruela de empezar
a pleitear para conseguir el disfrute de todo lo que había pertenecido a
Sahagún, incrementando si fuera posible sus derechos sobre términos y
aguas.
Esta permuta fue fuente de conflictos territoriales
con la villa de Villafáfila desde entonces hasta casi la actualidad. La
permisividad, más o menos voluntaria, del monasterio de Sahagún con los
vecinos de Villafáfila, a los que consentía pacer con sus ganados y
cortar leña en estos montes, debía de obedecer a algún tipo de convenio
o beneficio mutuo, que se hubiera establecido años atrás. Con la
reorganización de la villa a mediados del siglo XII se produjo un
aumento de la población, que se traduciría en el incremento de las
necesidades de montes para su aprovechamiento, siendo más necesarios, en
el caso de Villafáfila, por la utilidad de la leña para la producción de
sal en sus salinas. Sabemos que al monasterio de Sahagún se le permitió
la construcción de una iglesia propia, la de San Miguel, en Villafáfila,
y no es descabellado establecer la relación entre ambos hechos. El
monasterio de Moreruela nunca tuvo una parroquia propia dentro de la
villa, pues en la permuta de 1254, todos los bienes de Sahagún en
Villafáfila siguieron en poder del monasterio leonés.
Los nuevos dueños de los montes de Montenegro
prohibieron su uso a los vecinos de Villafáfila, lo que desencadenó un
enconado conflicto.
Los vecinos de Villafáfila alegaban un derecho
secular a pacer y a cortar leña en estos montes que pertenecieron a
Sahagún: “decia el conçejo que en los montes que fueron de San Fagún
y Montenegro, que son agora del monesterio de Moreruela, que usaran
cortar e paçer en tienpo que heran de San Fagún e por ende deçian que
avia agora derecho de paçer y de cortar en estos montes sobredichos que
agora son del monesterio de Moreruela, asi como lo antes usaran en
tiempo que heran de San Fagún”.
La prohibición de unas actividades que afectaban de
lleno a la economía de la villa (ganadería y salinas) incitó al concejo
de Villafáfila a tomar una serie de represalias contra los bienes de
Moreruela:
-los vecinos reunidos en concejo acordaron ir hasta
el coto del monasterio, concretamente hasta la dehesa que el monasterio
tenía entre la abadía, San Andrés y el Sierro y le talaron los árboles y
se llevaron la leña.
-el concejo restringió el disfrute de los bienes y de
las propiedades que el monasterio tenía en Villafáfila, haciéndoles un
camino público por el medio de la josa y no dejándoles que pastaran con
sus ganados en los términos de Villafáfila.
El abad recurrió ese mismo año al rey Alfonso X, que
concede un privilegio por el que se dirige a los hombres, jueces y
aportellados del reino de León para que protejan al abad don Pedro de
Moreruela, que se había quejado de que algunos les prendaban los ganados
y los de sus vasallos, mandando que ninguno pueda prendar ganados del
monasterio, ni a sus vasallos ni otras cosas. Después de dos años de
diferencias, en el año 1256 hicieron una avenencia ante tres jueces
árbitros, convenidos por ambas partes: Fernán Fernández, alcalde del
rey, Mynaya de Zamora y Martín García, comendador de Castrotorafe, en
cuyas manos pusieron la resolución del conflicto. Previamente se
comprometen las partes a aceptar el arbitrio, bajo una compensación de
1000 mrs. que pagaría a la contraria, la que no lo aceptase. Además, si
una parte no acepta la resolución, la otra podría recurrir ante
cualquier instancia judicial, sea el rey, el merino mayor o los jueces
de Zamora; o eclesiásticas del obispado de Zamora o de Astorga para
resolver los conflictos. Se reunieron los tres jueces árbitros en el
monasterio, y oídas las razones de las dos partes emitieron su juicio el
día de la Candelaria, al atardecer.
En la sentencia dispusieron que el concejo de
Villafáfila pudiera pacer con sus ganados y cortar leña en los montes
que ahora eran de Moreruela, pero limitando dicho derecho a un área
determinada por dos caminos que confluían en el Pedrón, que estaba por
coto del monasterio, estos caminos eran el que iba hacia Villafáfila y
el que iba hacia Bretó, entre esos dos caminos hacia Villafáfila podían
pastar y rozar los vecinos de esta villa, con la prohibición expresa de
pasar hacia el río Esla. Además el monasterio de Moreruela conserva el
derecho de labrar y poblar estos montes si así lo quisiere hacer un
cualquier tiempo.
El abad retira las reclamaciones que había hecho
sobre la tala de la dehesa del monasterio y espera que no se vuelva a
ejercer la fuerza por parte de los vecinos de Villafáfila. A cambio el
concejo de la villa permite que “los frades del monesterio que
moraren en Villafafila que pazcan con conceyo en sus terminos, asi como
vecinos, y en aguas ningunas para si e para sus ganados ni para sus
vuertos non les enbarguen e dexele las usar, asi como a sus vecinos, e
per la xosa que a el monesterio e cavo la casa non les fagan de aqui
adelante carrera”. Se deduce que el monasterio tenía casa, huertos,
una josa y pozos y aguas se supone que para hacer sal, además de tener
ganados, y que algunos frailes moraban en la villa al cargo de la
hacienda, que sería la misma granja citada en 1208. Las relaciones entre
ambas instituciones, concejo y monasterio, anteriormente a la permuta de
los montes de Montenegro, habían sido buenas y esperaban que en el
futuro lo siguieran siendo "e por muchos amores que el abad y el
conbento rreçivieron e rreçiviran del conçejo de Villafáfila".
Pero las cosas no debieron discurrir sin problemas,
porque el tema de la jurisdicción de estos términos no había quedado
zanjado, pues se reconocía la propiedad de Moreruela pero no el
ejercicio de la jurisdicción, y en el año 1311 el abad se queja al rey
Fernando IV: “Por cuanto Don Jaime, abad de Moreruela, por si e por
su convento, me dijo que en Montenegro, que es en el coto del dicho
monesterio, que se hacen muchas fuerzas y robos e muertes de omes, ansi
en sus vasallos que moran en los sus logares y en las sus granjas, e
otros muchos males que no son escarmentados, e me pidió merced que
aquellos que pusiesen que pudiesen hacer cumplir la mi justicia, ... que
no entren en su coto hacer justicia adelantado, ni merino, ni alcalde,
ni otro ninguno ... e mando que aquellos o aquel quel abad y el convento
del monesterio pusiese, que hagan e cumplan la mi justicia en los
lugares e granjas del dicho monasterio”. Vistos los antecedentes,
los causantes de estas fuerzas debían de ser los vecinos de Villafáfila
en el uso o abuso del ejercicio de derechos en esos montes. Ante la
disputa el monasterio consiguió, gracias a sus influencias ante los
reyes, la exención de las jurisdicciones vecinas y que Montenegro fuera
considerado coto del mismo, cuando no era más que una propiedad aneja,
obtenida con posterioridad a la delimitación del coto monástico.
Pero a pesar del mandato real las discordias entre
Villafáfila y el monasterio no cesaron y surgen nuevos conflictos como
el documentado en 1453 por el pasto de La Tabla, que el monasterio
incluía dentro de los montes de Montenegro considerándolo coto del mismo
y los vecinos de Villafáfila siempre mantuvieron que eran términos de la
villa. Ese año varios vecinos de la villa prendaron varios carneros del
rebaño del monasterio, “del pico que es conjunto del dicho monte que
se dice de la Tabla, lindera que es del monte de Muélledes, deçiendo los
dichos prendadores ser el dicho pasto del dicho monte de esta villa de
Villafáfila”. La zona de la Tabla, que Moreruela incluía en los
términos permutados a Sahagún en 1254, seguía siendo discutida por los
de Villafáfila, que consideraban que eran términos propios. El
procurador del monasterio alega que estaba lindero del monte de
Muélledes, con lo que entraría en los montes recibidos en 1254, que
limitaban por el Este con los términos de Muélledes. Pero en esa época,
esta aldea estaba despoblada o en proceso de despoblación, y esa parte
de sus términos estaba sometida a contradicción por los de Villafáfila,
y entre ambos se había delimitado una recierta como tierra de nadie, que
posteriormente daría lugar a otro largo pleito territorial entre
Villafáfila y Villarrín.
El monasterio recurrió a la justicia ordinaria de
Villafáfila, seguramente por ser vecinos de esta villa los prendadores,
más que como reconocimiento de jurisdicción sobre estos términos, y el
alcalde ordinario de la villa, Fernando Manso, “asentado e oyendo et
librando pleitos en la abdiençia de la terçia en la plaça de la dicha
villa so el portal de las casas de Martyn de Barrio”, sentenció en
favor del derecho del monasterio a pastar en La Tabla, declarando que
habían sido mal prendados y obligó a los prendadores a devolverlos.
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Según la tradición oral largamente mantenida, entre
el monasterio y el concejo se estableció otro convenio sobre los
ganados, que consistía en que los frailes llevaban sus ganados a salgar
a las lagunas saladas del término de Villafáfila, y los ganados de
Villafáfila podían llegar hasta el río Esla a beber. Esto también lo
afirmaban los testigos presentados por Villafáfila en un pleito sobre
este mismo asunto en 1775, como José Ledesma, vecino de Otero que
testifica: "y también oyó decir al dicho su padre que antes llegaban
los de esta villa con sus ganados lanares hasta el río Esla á veber sus
aguas y que el Monasterio con los suios bajaban á el salobre...” o
Francisco García, de Santovenia: “los ganados de esta dicha villa
podian hir hasta el río Esla á beber las aguas y los de el Monasterio á
las Salinas de dicha villa".
Debido a estos conflictos, a fines del siglo XV este
convenio no se cumplía, posiblemente porque el concejo volviera a
prohibir el uso de las aguas saladas al monasterio, que se vieron
obligados a desplazarse con sus ganados a Villarrín para salgarlos como
hacían desde antes de 1502: “en un dia del mes de abril de mill e
quinientos e dos años pasando los pastores del dicho monesterio con su
ganado ovejuno de los terminos de Moreruela a la granja que dizen
la Tabla e yendo por la cañada al termino de
Villarrín, lugar de la juridiçion del marques de Astorga, a dar agua a
la Salgada a donde otras muchas vezes e años, con liçençia e permision
de los buenos onbres del conçejo del dicho lugar de Villarrin, solian yr
e pasar libremente. Varios vecinos de
Villafáfila estaban esperando armados y les prendaron varias cabezas de
ganado: “los suso dichos salieron al dicho ganado que lo estaban
aguardando sobre ahechanças, armados de diversas armas, el dicho Frcº de
Collantes a caballo e con lança e espada e daga, e los dichos Juan
Flores e Fernando de Muélledes con lanças e espadas, arrodaron el dicho
ganado por fuerça contra voluntad de los pastores que lo guardaban, les
avian tomado e llevado diez e nueve carneros gasanejos e una oveja
parida con su cordero”. El abad y los frailes acudieron a la
justicia eclesiástica, concretamente ante el bachiller Pedro González de
Almenara, vicario general de la iglesia de Zamora, acusando a los
prendadores de sacrilegio, ofensas e injurias. Estos recurrieron la
competencia del juez, alegando que los hechos habían ocurrido en término
de Villafáfila, y la justicia competente era la seglar, en este caso el
corregidor de Villafáfila y la justicia real. Fueron condenados en
primera instancia pero recurrieron ante la Real Chancillería de
Valladolid, que confirmó la sentencia, emitiendo una real ejecutoria a
favor del monasterio.
Ante estas dificultades y otras que hubieran
surgido, el monasterio debió de dejar la explotación directa de sus
heredades y las entrega a fuero. Así en 1404 toda la heredad que poseía
en Revellinos: suelos, casas, tierras, prados, huertos y viñas son
entregadas a foro perpetuo por 100 mrs. y 2 gallinas al año; poco más
tarde, en el año 1447, hacen un foro a Martín Rodríguez, hijo de Rodrigo
Mateos, de una tierra en Villafáfila. Por esa época, era soprior del
monasterio un tal Alonso de Villafáfila, seguramente natural de la
villa.
La cabaña de hacer sal que tenían los monjes en
Villafáfila, también la aforaban en el siglo XV, pues en 1523 Salvador
Façera, de 81 u 82 años recuerda: “cuando se caso este testigo, que
puede haçer sesenta años [1468], luego aforo una cabaña de façer
sal del monasterio de Nuestra Señora de Moreruela e la tuvo aforada mas
de veynte años”. Por un apeo de 1528 sabemos que la cabaña de
Moreruela, estaba situada en las cercanías de la Salina Grande, al norte
de la misma, entre el pago actual de Las Cabañas, y La Carrerita. La
explotación salinera contaba con 25 posadas o ralladeros y dos hoyos y
varias tierras, pero la cabaña debía de estar ya abandonada pues en el
prado de la misma, se habían metido las linderas del propietario
colindante.
Además de las tierras y de las salinas, Moreruela
seguía manteniendo en Villafáfila una casa con bodega, y seguramente
huerto, a finales del siglo XV, pues en 1499 se documenta su lagar,
junto al Pozo de beber, no sabemos si abandonado o arrendado y en 1513
se citan las cercas de Moreruela a las afueras del casco urbano, que
corresponderían a las tapias de la josa.
También seguían explotando por medio de
arrendamientos sus heredades en los pueblos vecinos, pues en las
inmediaciones de Villarrín el monasterio poseía varias salinas,
seguramente procedentes de las antiguas heredades de Villaordoño,
Oterino y Muélledes, que arrendaban a los vecinos de Villarrín según
constaba en la documentación conservada en el siglo XVIII en el archivo
del monasterio.
A pesar de los conflictos, las relaciones de los
vecinos con los monjes eran habituales, sobre todo a finales del siglo
XV, durante el periodo en que don Pedro González de Mendoza, cardenal de
Toledo, fue abad del monasterio. Este se la cedió en encomienda al
conde de Benavente, don Rodrigo Pimentel, que a su vez la dejó en manos
efectivas de su hermano don Pedro, señor de Tábara y poseedor de
Villafáfila, también en nombre de su hermano: “conosçio ser abad del
monasterio de Santa María de Moreruela a don Pedro González de Mendoza,
que tenia un soprior, y era merino de la
Granja de Moreruela un Valderrábano, de Faramontanos, que lo abia puesto
en la abadia por merino el dicho don Pedro [
Pimentel ], que deçian que tenia la encomienda por el conde viejo, su
hermano” . Los abusos de la familia Pimentel, tanto en el dominio de
Villafáfila, como en el ejercicio de la encomienda de Moreruela son
recordados muchos años después por los vecinos de la comarca, y así lo
testifican en 1528: “cuando el monasterio de Moreruela era encomienda
del Conde de Benavente, don Pedro y otros por su mandado prendaban a los
provisores e monjes e a sus azedores e mayordomos e los llevaban presos
a Villafáfila e a Távara e a otras partes”. El trato entre los
vecinos de Villafáfila y los monjes en esos años de señorío común bajo
los Pimentel es corriente, y así lo manifiestan algunos de ellos años
después: “en el tienpo que el monasterio de Moreruela hera de
caostrales que trato por alli algunas veçes e consoçia a alguno de los
monjes”; “siendo la dicha avadia de caostrales conosçio al avad e
algunos de los monjes que entonçes heran”; “que conosçe al abad,
al prior, al çillerero e algunos de los monjes del dicho monesterio ...
y estuvo en el hartas vezes”, e incluso algunos hidalgos de la
órbita de los Pimentel llevaban a sus hijos a formarse en el monasterio,
como Diego de Robles, que fue arcipreste de Villafáfila desde 1523 y
testifica “ que se crio en el, bien ocho o nueve años” donde
recibiría la educación eclesiástica que le permitiría ordenarse.
En esos años finales del siglo XV, los vecinos de
Villafáfila arrendaban las dehesas de Tábara a don Pedro Pimentel, para
llevar a invernar sus ganados y para cortar leña para las cabañas de
sal, por lo que el tránsito desde Villafáfila hasta el Esla se hacía por
los términos de Moreruela, y el paso del río en una barca que había
puesto don Pedro a la altura de Quintos, que hacía la competencia a la
barca que tenían los monjes en Mojabarbas, aguas abajo.
La barca de Quintos de
hundió hacia 1515, y cuando la viuda de don Pedro Pimentel, doña Inés
Enríquez, y su hijo Bernardino Pimentel pusieron de nuevo otra barca en
1527, los monjes se opusieron a ello, alegando que el puerto de embarque
estaba en sus términos, y el cillerero y algunos criados del monasterio
prendieron fuego a la cabaña del barquero. Todo ello originó un largo
pleito ante la Real Chancillería de Valladolid.
Los jueces dieron la razón al monasterio y don
Bernardino tuvo que llevar la barca aguas arriba a la altura de las
aceñas de Quintos.
Aparte del problema que suscitaban los pastos de La
Tabla y el paso del ganado por los términos del monasterio cuando iban o
volvían de las dehesas de Tábara, los conflictos se reproducen por el
interés de los vecinos de Villafáfila por labrar la Tabla, sobre todo en
el siglo XVI, motivado por el aumento de la población de la villa.
Durante la primera mitad del siglo XVI el concejo de
Villafáfila solicitó varias veces a los abades del monasterio de
Moreruela que le permitiesen arar y romper el término de La Tabla, a
cambio de una renta anual, y alguna vez debieron de estar a punto de
alcanzar un acuerdo. Así lo relatan los testigos del pleito que tuvo
lugar en 1556. Andrés Barrado, de 70 años que era vecino de La Granja,
pero que antes lo había sido de Villafáfila, y testifica, presentado por
el monasterio, que “podria aber quarenta años [h. 1517] poco
mas o menos, siendo este testigo vezino de la villa de Villafáfila, vio
que se trato en la dicha villa, entre los del regimyento della, que se
fuese a pedir al monesterio de Moreruela liçençia para ronper e labrar
en el dicho termyno de La Tabla y se conçerto que fuesen Françisco
Martínez y Bartolomé Manso, alcaldes que a la sazon heran en el dicho
tienpo, y Juan Rodríguez, regidor, los quales fueron a hablar al abad
del dicho monesterio que en el dicho tienpo hera, y este testigo fue con
ellos y bio tratar este negoçio, y dabanse sesenta o setenta cargas
de pan ... y despues se desconcertaron, so color que el dicho abad
dezia que el diezmo de lo que cogiesen avia de ser del dicho monesterio,
y con esto se tornaron para sus casas los dicho vezinos de Villafáfila
sin efetuar cosa alguna ... y despues desto a oydo desçir a algunas
personas que los dichos vezinos de la dicha villa de Villafáfila an
tornado otras vezes a hablar con los abades del dicho monesterio sobre
el dicho negoçio”.
Este afán por roturar nuevos términos provocó de
nuevo un enfrentamiento entre el concejo de Villafáfila y el monasterio
de Moreruela a propósito del uso del término de La Tabla. Los monjes
también estaban interesados en poder romper y labrar en La Tabla, bien
por cuenta propia o para arrendárselo a quien quisiesen, lo que
reportaría nuevos ingresos para la abadía.
El 9 noviembre de 1556 varios criados del monasterio
y un fraile del mismo, con acuerdo de todo el convento, y con el apoyo
de varios vecinos de La Granja, fueron al término de La Tabla y se
pusieron a arar y romper en él. Los vecinos de Villafáfila se enteraron
inmediatamente y procedieron a impedirlo por vía legal y por la vía de
la fuerza.
El día 10 se presenta Juan Manso de San Pedro,
procurador general del concejo de Villafáfila, ante el corregidor de la
villa, “el magcº señor Doctor Beltrán”, haciendo representación
de los hechos: “siendo como es La Tabla termino e jurediçion desta
villa, ynclusa dentro de sus arcas e mojones, ayer juebes, que se
contaron nueve dias de este presente mes de nobiembre, fueron a la dicha
Tabla desta villa y araron muy gran parte della y al presente andan
arando en ella con tres pares de bueyes, sin liçencia del conçejo e
justiçia e rregidores desta dicha villa ... yncurriendo en graves penas
çibiles e creminales ... çiertos criados de la casa e convento de
Moreruela, con bueyes, arados y aparejos”
Presentan información de testigos ante el corregidor,
como Juan de Ballesteros, que asegura que la Tabla “de mas de treinta
e çinco años la dicha Tabla es avida e tenida de esta villa e la
amojonan e pazen con sus ganados los vºs desta villa... viniendo del
Monte vio que con un par araba un frayle de Moreruela e con el otro par
un mozo ... y estaban personas vºs de la
Granja y convento con sus ballestas”.
El 13 de noviembre de 1556 se abre un proceso por
parte del corregidor de Villafáfila a petición de Juan Manso de San
Pedro, procurador general de la villa, en nombre del concejo, justicia,
regidores y vecinos de ella, mediante la presentación de una querella
criminal contra los que resultaran responsables de los hechos.
Ese mismo día “se toco la campana del relox a
conçejo general para que los vºs desta villa, o algunos de ellos, fuesen
con el dicho señor corregidor a prender a los que anduviesen arando en
la dicha Tabla”. Se juntaron muchos vecinos y con los alcaldes
ordinarios y el corregidor fueron hasta la Tabla, armados con lanzas y
ballestas, aunque en los autos no consta, donde encontraron arando tres
pares de bueyes “en los dos pares un mozo y en el un par un frayle”.
El corregidor, guardando las formalidades procesales, les preguntó si
andaban arando y respondieron que sí, y procedió a prender a tres mozos:
Juan Ramos, Bernardo Barrado y Francisco de la Puebla, se los entregó a
Antonio Alvarez, mercader y vecino de Villafáfila, para que los llevara
presos a la cárcel de Villafáfila. El fraile lego que andaba arando,
Fray Pablo de Moreruela, pidió testimonio al escribano de que eran
prendidos los tres mozos.
Asimismo se llevaron a Villafáfila los tres pares de
bueyes con los arados y yugos correspondientes.
Para prevenir un enfrentamiento armado, el corregidor
requirió a “todas las personas que de parte del dicho monasterio
estaban presentes, que no hiçyesen ningun ruydo, escandalo ny alboroto,
antes estuvieran todos quietos”, y que la parte del monasterio
acudiese ante él en su audiencia de Villafáfila, que estaba presto de
hacer justicia con toda rectitud.
En la villa el procurador general del concejo pidió
al corregidor que los mantuviese presos “que su merçed no los diese
en suelto ni en fiado hasta que hiçiesen cumplimiento de justiçia”.
El corregidor mandó depositar los tres pares en casas de tres
labradores, y que le dieran de comer medio celemín de centeno y 3
arneros de paja a cada buey.
El día siguiente se procedió al nombramiento de
curadores para los mozos, para que los representaran ante el juez, pues
eran mayores de 14 y menores de 25 años.
Los mozos confiesan que son criados de la casa y
monasterio de Moreruela, y que fueron mandados ir a arar por fray Juan
de Zamora, “por mandado del abad y de todo el convento”. Además
declaran que se hicieron quiñones y araron otros tres pares de otros
vecinos de la Granja, “los quales, de que vieron al dicho señor
corregidor e otras gentes, dexaron de arar en la dicha Tabla y se fueron
porque no los prendiesen”
Ese mismo día llegó a Villafáfila, y se presentó ante
en corregidor, Fray Luys [Álvarez Solís], abad del monesterio
de Moreruela de la Orden de San Bernardo”, para requerirle que
soltase a los presos y devolviese los bueyes, porque estaban arando en
el término y propiedad del monasterio y no era juez competente para
procesarlos.
La respuesta del corregidor es que el abad presente
ante él las peticiones que quiera, que estará presto de hacer justicia.
El abad, sin aceptar la competencia del corregidor de
Villafáfila en el asunto “dixo que el no pedia a su md justiçia ny
venya a ello, sino solamente a requerirle que soltase a los dichos
presos” y que le diese testimonio el escribano, de que no reconocía
la jurisdicción del corregidor.
El corregidor manda al escribano que le dé el
testimonio al abad de todo lo procesado hasta el momento como a una
parte de la querella, para que la jurisdicción real viese como había
actuado desde el principio movido por la querella presentada por el
concejo de Villafáfila.
Además de los mozos, aquel día habían prendido al
fraile que con ellos araba, no por mandato del corregidor sino por
mandato del alcalde ordinario por el estado de los hijosdalgo, don Lope
de Robles. El abad fue a la cárcel y también requirió al que tenía preso
al fraile, que se lo diese por testimonio y que lo soltasen, y Antº
Alvarez dijo que lo tenía preso por mandado del alcalde y que no lo
soltaría hasta nueva orden.
El abad salió de la cárcel y cuando se disponía, en
el medio de la plaza, a montar en su mula, de nuevo el corregidor le
dijo por última vez que estaba presto para hacerle justicia, seguramente
consciente de la influencia del abad en la Corte.
El mismo día el corregidor mandó publicar pregones
para que fueran prendidos los vecinos de la Granja que habían arado en
La Tabla: Pedro de la Pobladura el mozo, Alonso Guardado, Santiago
Burganes, Pedro Alonso, y Francisco Sánchez, hijo del mayordomo del
convento, y Antonio Gómez, escribano de Riego. Se publicaron tres
pregones, el último el 7 de diciembre y no se presentaron en
Villafáfila, seguros, como estarían, de su condena.
El procurador del concejo se ratifica en la querella:
“los dichos acusados pospuesto el temor de Dios, y en menospreçio de
la justiçia, dandose mutuo favor e ayuda junta e convocada mucha gente
para ello, armados con lanzas e vallestas e espadas e otras armas
ofensivas, con escandalo e alboroto ... con muchas yuntas de bueyes y
rrompian e rronpieron mucha parte del dicho termino”.
Los mozos presos aducen en su defensa: “somos
criados de la casa del monasterio de Moreruela y por rrazon de la
soldada e salario que ganamos, estamos tenydos a obedezer a nro amo
aunque lo que mandasen sea delito, espeçialmente que aquy no lo ubo
nynguno”. El día 24 de noviembre ya había una Provisión Real mandado
soltar a los presos bajo fianza, pues los monjes habían acudido a
Valladolid, ante el tribunal de la Real Chancillería. Fueron entregados
ese día bajo fianzas a Adán Fernández de S. Pedro y al Licenciado Diego
de Valencia, médico de la villa.
Se presentó ante el corregidor “Fray Alº Aragonés,
çyllerero en el monasterio de Santa María de Moreruela” solicitando
los bueyes, bajo fianzas que dieron los anteriores vecinos fiadores y se
los llevó al monasterio.
En la probanza que tuvo que hacer el concejo de
Villafáfila presentó varios testigos de Faramontanos de Távara,
Bretocino, Santovenia, Villaveza, Otero y Villafáfila, que testifican
que la Tabla está metida dentro de los límites y mojones de Villafáfila,
y que sus vecinos y guardas prendaban los ganados que entraban en ella,
incluso a los vecinos de La Granja.
El 17 de diciembre se vuelve a presentar en
Villafáfila Fray Alonso Aragonés, pidiendo que se inhíba el corregidor,
porque pende pleito ante la Real Chancillería de Valladolid.
No obstante el corregidor emitió su fallo que fue
declarar La Tabla término de esta villa, y condenar a los acusados en
6000 mrs. divididos en trecias para la cámara de Su Señoría el Marqués,
para gastos de justicia y para obras públicas de la villa, y 6 meses de
destierro de la villa y jurisdicción. La sentencia fue dada y
pronunciada a 9 de enero de 1557.
El procurador de los mozos apeló la pena pecuniaria y
consintió la de destierro de la villa, pues en nada les perjudicaba que
no pudieran volver en seis meses a Villafáfila.
A los ausentes los condenó en rebeldía a 20 días de
cárcel, a 8.000 mrs. cada uno y en un año de destierro de la villa.
El proceso fue reclamado por el alto tribunal y fue
llevado a la Real Chancillería en 22 de marzo de 1557, pues los monjes
habían presentado además otra demanda porque la villa de Villafáfila
había roturado y arado el término de La Tabla en 1556.
En Valladolid ambas partes hacen sus probanzas y
presentas sus testigos. Los testigos de Villafáfila ante Chancillería
eran otros diferentes de los que testificaron en el primer proceso,
también vecinos de Benavente y de otros pueblos comarcanos, algunos
naturales de Otero o de Villafáfila, y ratifican en sus testimonios que
La Tabla era de Villafáfila y que los guardas prendaban a los ganados de
los pueblos de alrededor que hallaban dentro de La Tabla, incluidos los
de los vecinos de La Granja de Moreruela.
Los testimonios de los testigos presentados por el
monasterio, vecinos de Granja, Villarrín, Riego o Villalba, afirman lo
contrario, diciendo que siempre La Tabla ha sido del monasterio y que
los guardas del mismo eran los que prendaban. Además el monasterio
presenta como pruebas, diversa documentación que se hallaba en su
archivo, como la permuta de Montenegro con el monasterio de Sahagún de
1254, la sentencia arbitraria de 1256, el privilegio de Fernando IV de
exención de jurisdicción de 1311, la sentencia del alcalde de
Villafáfila sobre el pasto de La Tabla de 1453, y la ejecutoria de la
prenda de ganados de1505.
La sentencia definitiva del Presidente y Oidores de
la Real Chancillería fue dada y pronunciada en 12 de octubre de 1558: “fallamos
que la parte del dicho monasterio de Moreruela provo su petiçion y
demanda, damosla e pronunciamosla por bien probado, e que la parte del
dicho conçejo de Villafáfila no provo sus exençiones e defensiones,
damoslas e pronunçimoslas por no provadas, por ende debemos declarar e
declaramos el termino de la Tabla, sobre qual es este dicho pleito, ser
propio del dicho monasterio de Moreruela e se lo devemos adjudicar e
adjudicamos, e condenamos a el dicho conçejo e veçinos de la dicha villa
de Villafáfila en adelante no haren ni ronpan el dicho termino so pena
de çinquenta mill mrs. para la cámara e fisco de S.M. por cada vez que
lo contrario hiçieren, e no haçemos condenaçion de costas e por esta
nuestra sentençia definitiva asi lo pronunçiamos e mandamos”.
El concejo de Villafáfila recurrió la sentencia y se
presentaron nuevos testimonios.
En 13 de junio de 1559 se dio nueva sentencia
definitiva en grado de revista ratificando la sentencia anterior.
Nada más conocerse en la villa la sentencia los
vecinos no la aceptaron y acordaron recurrirla en nueva instancia para
lo que se reúnen en concejo en la Plaza el 20 de junio y otorgan “un
poder para suplicar segunda vez, para ante la persona rreal de su
majestad, con la pena e lligaçion y fianza de las myl e quinyentas
doblas de oro de cabeça que dispone la Ley de Segovia”. Se trataba
de un último recurso que conllevaba la perdida de esa cantidad de dinero
en caso de ser condenados en las costas por haber recurrido
indebidamente. Para pagar, pues el concejo se hallaba escaso de
recursos, se dan unos fiadores, en las personas de Juan García
Mayordomo, Juan Martínez Viejo, Rodrigo Rodríguez, Antón Tartalla,
Bartolomé Gallego, Francisco García, Pedro del Concejo, Babilés
Martínez, Gómez de Olea, Diego de Collantes, Diego del Prado, Lope de
Robles, Andrés Simón, Andrés de Ledesma, vecinos de Villafáfila, “onbres
legos, llanos y abonados e muy rricos e arraigados y que balen los
bienes y haziendas rayzes que entre ellos tienen y poseen en cantidad de
tres myll ducados y antes mas que menos”, y alegan que el término de
La Tabla vale, por lo menos, 3000 ducados.
Por eso presentan testimonios de otros vecinos de
Villafáfila que juran y declaran que los bienes de los fiadores valen
más de 25 ó 30 mil ducados.
El monasterio alega que la Tabla siempre ha sido
suya, que si algún derecho tienen los de Villafáfila es a pacerlo con
sus ganados, y que “muchas e diversas bezes an pedido a los abades
que por tienpo an sido del dicho monesterio que los arrendasen para
labrar algunas partes del dicho termyno de
La Tabla”.
Además, en el cuestionario que presenta la abadía
para preguntar a sus testigos, se declara el origen o cronología del
conflicto, desde su punto de vista, y dejan ver que habían sido los
monjes los que habían roto la situación preexistente cuando mandaron a
sus criados a roturar La Tabla, lo que provocó la intervención de los
vecinos de Villafáfila: “por el mes de nobienbre del año de myll e
quynyentos y çinquenta e seys años la justiçia y regidores de la dicha
villa de Villafáfila con otros muchos vezinos de la dicha villa que
heran mas de çien honbres, armados de diversas armas, con gran escandalo
e alboroto, a canpana tañyda, fueron al dicho termino de
la Tabla y, por fuerza y contra boluntad del dicho
monesterio, prendieron çiertos criados del dicho monesterio que andavan
arando en el dicho termyno y les tomaron y prendaron los bueyes”.
Posteriormente el concejo de Villafáfila, con la disculpa de que en la
Tabla había langosta procedieron a arar y sembrar en él: “y otro dia
con el mismo alboroto bolbieron al dicho termyno y por fuerza y contra
boluntad del dicho monesterio le araron e ronpieron con mucho numero de
mulas y bueyes”.
Varios testimonios como el de Alonso Crespo vecino de
la Granja que dice que hace sesenta años (a finales del siglo XV) había
un mojón entre La Tabla y Villafáfila, aseguran que por entonces ya no
había ninguna señal que diferenciase y apartase los términos. Cuenta que
había visto en noviembre del 56 que “veynte u treynta honbres de
Villafáfila yban haçia el termyno de La Tabl ... con espadas y ballestas
y lanzas a manera de alboroto”.
Andrés Barrado, de 70 años, natural de Villafáfila
pero vecino de La Granja, “entre Villafáfila y
La Tabla no sabe este testigo que aya mojones de un
termyno a otro, sino una linde que atrabiesa desde tierra de Benavente
hasta el termyno de Muélledes, y ansy lo a visto desde los dichos
sesenta años a esta parte”; recuerda los
hechos del otoño del 56 en los que se hallaba presente, cuando,
previendo la reacción que provocaría en los vecinos de Villafáfila,
muchos vecinos de La Granja se encontraban acompañando a los:
“criados del dicho monesterio andaban ronpiendo para tomar la langosta e
vio, como de haçia la villa de Villafáfila, benian con gran ruydo e
alboroto mucha gente, que seria hasta quinze o veynte de caballo y otros
muchos de pie, no sabe quantos serian, mas de como benyan armados con
espadas e ballestas y lanças y otras armas ... davan bozes y comenzaron
a tirar botes de lanza a este testigo y a los mozos, y a este testigo le
hirieron en el pescuezo de un bote de lanza ... que luego otro dia
despues del dicho alboroto muchas gentes de la dicha villa de
Villafáfila tornaron para el dicho termyno de
La Tabla y araron mucha parte del dicho termyno”.
Lo que no se pone en duda nunca por los testimonios
de una parte o de otra es la mancomunidad de pastos entre el concejo y
el monasterio.
La sentencia, otra vez, adjudicaba la propiedad de La
Tabla al Monasterio y mantenía el pasto en común.
Los vecinos de Villafáfila, mientras se dirimía el
pleito, aprovecharon para sembrar en los términos de La Tabla en varios
quiñones en el año 1556-56 y 1557-58, recogiendo sus frutos. En 1563
todavía pendía el pleito ante Chancillería, pues los monjes reclamaban
los frutos que habían obtenido los de Villafáfila, que se defienden
alegando que si rompieron el término y lo sembraron fue para acabar con
una plaga de langosta que asolaba los campos y que encontraba refugio en
los terrenos valdíos: “sy ronpieron dicho termino fue por mandamyento
del juez de comision de la langosta”.
Es cierto que en 1556 el concejo de Villafáfila
solicitó y obtuvo licencia del Alcalde Mayor del Adelantamiento de León,
Juan López de Irízar, para romper y arar los términos concejiles
baldíos, para exterminar la plaga de langosta de sus términos. Esa fue
la disculpa que tuvieron para proceder a arar y romper los dos términos
que se encontraban en disputa: La Recierta y La Tabla, aunque los
monjes, con la misma disculpa de la langosta, o tal vez enterados de las
intenciones de los vecinos, pues dispondrían de informantes de la villa,
se adelantaron y procedieron a iniciar la roturación de las tierras
antes que los de Villafáfila.
Los jueces volvieron a fallar en favor del monasterio
en 31 de julio de 1565 y condenan al concejo de Villafáfila a entregar
en un plazo de 30 días al abad y monjes la mitad de los frutos que
hubieran cogido y llevado del término de La Tabla, sacada la simiente
que hubiesen sembrado y la mitad de los gastos que hubieran hecho en
sembrar y recoger los frutos. Tampoco hacen condenación de costas a la
villa, por todo lo cual el procurador del monasterio volvió a reclamar,
porque quería que la parte adversa fuera condenada en las costas del
proceso y que le fuera entregada a su parte la totalidad de los frutos
recogidos en La Tabla. Al cabo de un año se volvió a dar sentencia
definitiva en 3 de diciembre de 1566, confirmando todas las anteriores y
no haciendo condenación de costas. El Monasterio solicitó entonces una
Real Carta Ejecutoria de todas las sentencias, para poder requerir con
ella a la villa de Villafáfila y tenerla guardada en su archivo, para
defensa de sus derechos.
El cumplimiento de las sentencias debió de ser
problemático, pues el año 1567 el monasterio requirió al juez de Bretó
para que procediese a la ejecución de las mismas, y días después por
parte del alto tribunal se tuvo que nombrar a don Francisco de Paniagua,
como juez especial que ejecutase la sentencia. El 21 de julio de ese año
1567 este juez dio posesión del término de La Tabla a Fray Froilán
Hurtado, en nombre del Monasterio de Moreruela, para lo que procedió,
siguiendo las formalidades requeridas, a tomarle de la mano e
introducirlo en sus términos, de los que tomó posesión encima de una
mula, ante varios testigos, entre otros de Pedro García, regidor de
Villafáfila.
Pero la toma de posesión del término de La Tabla por
parte del abad no puso fin a los conflictos. Las diferencias vuelven a
surgir cuando el convento pretende levantar los mojones para delimitar
el término de La Tabla.
En marzo de 1574 el abad de Moreruela se dirigió a la
justicia y regimiento de Villafáfila: “con requerimiento del alcalde
mayor del lugar de la Granja de Moreruela, para que viniesen a ver
levantar mojones en el nuestro termino de La Tabla, que es propio del
dicho monasterio”. Acudieron los alcaldes Antonio de Barrio y
Babilés Martínez, los regidores Antonio Marbán y Antonio Rodríguez y
Pedro Tartalla, procurador general, “los quales vinieron con vara de
justiçia”, y fueron requeridos allí por fray Nicolás de Rueda, abad,
para que “asistan al amojonamiento y apeo que el dicho monasterio
quiere haçer en el dicho lugar de La Tabla ...”, y no les impidan a
los monjes sus propósitos: “otro si, les pido que, no queriendo
asistir al dicho apeo y amojonamiento, no le perturben ni hagan
desaguisado ni fuerza alguna, con protestaçion de lo pedir ante Su Mgt y
donde con derecho deba y de me quejar de qualquier desafuero que me
hagan y que pediremos juez y recetor en la corte de su magt que vengan a
hacer dicho apeo a costa de los culpados y a deshazer la fuerza y
agravio si alguno nos hizieren”; reclamando la jurisdicción del
término para sí: “Otro si, pido y requiero a la dicha justiçia y
regimyento que no entren ni consientan entrar con vara levantada ni de
otra manera con vara de justiçia en el dicho nro termyno de
La Tabla ... y que, atento que claramente les consta
que el dicho termino nos ha sido adjudicado por carta executoria de Su
Magt. dejen libremente ejerçer el ofiçio de justiçia en el dicho termyno
a Fracº Tristán alcalde mayor de la abadia del dicho monasterio y a su
escribano”.
Los oficiales del regimiento de
Villafáfila dijeron que lo oían, pero que ellos venían para levantar los
mojones entre La Tabla y La Granja, siendo citado el concejo de este
pueblo, pero como no han asistido, y como no se ha citado a los concejos
de las aldeas de Benavente, ellos no van a participar en el
amojonamiento. Por lo tanto los vecinos de Villafáfila aceptaban la
propiedad de La Tabla para el monasterio y el pasto común, pero decían
que la jurisdicción era de la villa.
Después de estas repuesta el acalde mayor del
monasterio pasó a amojonar el primer mojón, que llaman de Muélledes, con
el alcalde mayor de Villarrín, pero los de Villafáfila se opusieron, y “el
dicho alcalde mayor del dicho monasterio, queriendo proseguir el derecho
de jurisdiçion que el dicho monasterio tiene en el termino de la dicha
Tabla, se puso en razones con la justiçia de Villafáfila, y por evitar
pleitos y disensiones y daños que pudieran seguirse, los despedimos
hechos nuestros requerimientos, y de como paso asi y de como muestro
alcalde mayor sin contradiçion alguna estuvo con vara levantada en el
dicho termino”. La diferencia podía pasar a disputa: “ubieron
palabras y por evitar escandalos se dexo de apear”, y ante la
oposición de los de Villafáfila se abandonó el amojonamiento: “los
dichos vezinos de Villafáfila no lo quisieron consentir, antes se
pusieron en razones con el dicho alcalde mayor de la abadia”.
En Mayo de 1586 Simón Fernández, alcalde mayor de la
abadía de Moreruela, hace una nueva requisitoria y requerimiento a los
alcaldes y regidores de Villafáfila para “amojonar y apear el termino
de La Tabla jurisdiçion del dicho monasterio que confina con jurisdiçion
de vs mds”
A continuación hicieron la misma requisitoria al
resto de los pueblos conrayanos. Los de Benavente se disculpan,
contestando que para hacer el amojonamiento es necesario que acudan el
corregidor y el procurador general, pero que esos días están ocupados y
le piden que se aplace algunos días.
Los de Villarrín sí acuden y proceden a iniciar la
mojonera desde el Canto de Muélledes y prosiguieron haciendo la mojonera
entre Muélledes y La Recierta con La Tabla, “hasta llegar a la raya
de Benavente al camino que biene de la Jana de Villafáfila que es adonde
haze un picaño el camyno que viene de Villafáfila por el termino de
Muélledes y sale al camino de La Jana que va para Santo Andrés”.
La justicia de Benavente no se presentó a hacer la
mojonera, a pesar de estar citada, y el alcalde de Moreruela procedió a
hacer el recorrido en solitario, no hallando mojón ninguno en el camino
de La Jana a San Andrés hasta acabar La Tabla en el camino que llevan
los de Otero para las aceñas de San Andrés.
Además del término de La Tabla, existía otra porción
de término denominada El Sierrico, en el que también los ganados de
Villafáfila tenían comunidad de pastos. No lo he encontrado mencionado
en documentación anterior al siglo XVI, pero por un apeo de 1721 se
localiza al oeste de Valdelayegua, contra el río Esla, hasta el camino
de Moreruela a Bretó, coincidiendo con el límite señalado en el
documento de 1256, por el que se autoriza a los ganados de Villafáfila a
pastar en parte de los antiguos montes de Sahagún.
Los amojonamientos que se realizaban entre las villas
de Benavente y Villafáfila se hacían con participación de alcaldes y
regidores de ambas villas, a veces con presencia de los corregidores
respectivos, siempre cada uno por su término con sus varas de justicia
levantadas, con asistencia de dos escribanos y con la participación de
algunos vecinos de las aldeas. Tenemos noticias de varios de ellos, el
más antiguo de los que se han conservado es de 1525: “En el termyno
que dizen Terdehuso ques entre los termynos de la villa de Benavente e
lavilla de Villafáfila a veynte e syete dias del mes de ebrero año del
nasçimyento de Nro Salvador Ihuxpo de myll e quinyentos e veynte e çinco
años, estando los señores Pedro de los Rios e Hernan Charro regidores de
la villa de Benavente por parte de la dicha villa, e estando ay presente
el señor Bachiller Represa alcalde mayor de la villa de Villafáfila, e
Alonso Glez regidor, e Alonso Hernández, alcalde ordinario por parte de
la dicha villa, e Frcº de Caramaçana, procurador de la dicha villa, para
alzar los termynos siguyentes, en presençia de los dichos señores e por
ante my Diego Glez, escribano e notario publico de sus magestadesen la
su corte e en todos los sus reynos e señorios e uno de los doze
escribanos publicos del numero de la villa de Benavente, por el muy
ilustre señor don Alonso Pemyntel, conde de la dicha villa e de los
testigos de yuso escritos.”
En estos amojonamientos nunca se hallaban presentes
ningún fraile ni representante del monasterio de Moreruela, a pesar de
incluir la raya de La Tabla: “e de alli fueron el derecho azia arriba
e alzaron otro mojon en cabo del termino de Valle, par del camino que va
de Villafáfila a las azeñas de Quintos, e de alli fueron por el camino
Ancho azia abaxo e alzaron otro mojon que dizen el camino de
la Refierta e de Quintos, e de alli fueron la cañada
de la Tabla arriba, en linde de la dicha cañada, e termino de Valle e
alzaron otro mojon, e de alli fueron por la dicha cañada adelante, par
del camyno que va de Villafáfila a la Granja e alzaron otro mojon e de
alli fueron por el dicho camino adelante asta el Pico de la Tabla a la
Punta Alta e alli se dio el dicho camyno por termyno, el qual va para la
barca e Piélago de Moncorvo e asta Villafáfila, e alli en el dicho
camino no se hizo mojon porque nunca se hallo aver estado hecho”.
En ese primer amojonamiento que conocemos la mojonera la terminaban en
el pico de La Tabla, sin incluír El Sierrico.
En la siguiente mojonera que se conserva, realizada
en 1548, perteneciendo ya la villa de Villafáfila a don Bernardino
Pimentel, con la participación de los corregidores, de Benavente,
Licenciado Gonzalo Pérez, nombrado por el Conde, y de Villafáfila,
Antonio García de Montalvo, nombrado por el nuevo señor de la villa, se
llega amojonando hasta El Sierrico: “LXXII. y de alli fueron todo el
camyno viejo adelante hasta do dizen la
Laguna de Santa Marta, y de alli por el dicho camyno adelante fueron
hasta llegar al pico de La Tabla a la Punta Alta y queda todo el dicho
camyno por comun entrambas partes, y de alli todo el camino adelante
hasta llegar al Sierrico que dicen, a la encrucijada de los camynos, el
uno que va hazia el Piélago de Mancorvo y el otro de las Carretas que va
del monesterio a las aceñas de Quintos, e alli acabaron el dicho apeo,
vesita e amojonamyento”.
Durante los años del pleito anterior se realizan
otras varias mojoneras, entre Benavente y Villafáfila en 1551, 1554,
1558, 1563, 1570 y 1581, y en ninguna se hallan presentes los monjes y
en todas ellas se llega amojonando hasta el Sierrico, de lo que se
deduce un reconocimiento por parte del concejo de Benavente de la
jurisdicción del de Villafáfila sobre el término de La Tabla.
La situación siguió en un impasse y la
justicia de Villafáfila procedía en La Tabla como antes de la ejecutoria
de 1566, entrando con vara alta y haciendo amojonamientos y prendando
los ganados foráneos que encontraban paciendo, lo que provocaba las
quejas de los monjes.
En 1620 Fray Angel Guerrero, en nombre del
monasterio, volvió a requerir a la justicia de Villafáfila para que “no
entren ni manden entrar en el termino de La Tabla con vara alta de justª
nni andar por el con ella en ninguna maneran ni amojonen ni hagan
amojonar el dicho termino con su autoridad de justª, ni en ninguna otra
forma, sino fuere con orden y lizencia del abad y monjes del
dicho monasterio, cuya es la jurisdicion, propiedad y señorio del dicho
termino, y de lo contrario hacer, protesto nulilad de todo lo que
hizieren y de querellarme ante el rey nuestro señor y ante quien con
derecho deba por quebrantar y ronper jurisdicion ajena”.
Pero las cosas seguían igual, a pesar de estos
requerimientos, pues en 1643 se vuelve a hacer otra notificación del
abad a la justicia de Villafáfila, porque tenía noticia de que “por
mandado de sus mercedes los señores alcaldes y justicia ordinaria desta
villa de Villafáfila se zito a mi alcalde mayor de la villa de La Granja
para hazer un amoxonamiento entre el termino de la dicha villa y
terminos del convento por la parte que confinan”, y les conmina, en
virtud de la carta ejecutoria que tiene el monasterio, a que no penetren
en La Tabla con vara de justicia levantada, porque “de nuevo se
metieron con varas altas de justª a amoxonar el dicho termino redondo
en quebrantamiento de la jurisdicion y propiedad que el dicho convento
tiene”, por lo que requiere al regimiento y justicia de Villafáfila,
que no vuelvan a entrar y que anulen y den por ninguno el dicho
amojonamiento hecho del termino de La Tabla, amenazando con querellarse
ante quien derecho tengan.
Los alcaldes dijeron que el sábado siguiente le
responderían con sus razones.
Efectivamente el concejo de la villa de Villafáfila
se reunió: “ a nuebe dias del mes de agosto de mil y seisº y quarenta
y tres, abiendose conbocado los bsº della a canpana tañida, les hize
notificar el rrequerimiento de arriba y conbinieron que se respondiese
lo que se sigue: que dicho requerimiento no se hace a parte lexitima por
no se hacer al ayuntamiento en forma, que fue quien hizo la moxonera,
pero que, sin enbargo, esta villa esta en posesion de hacer la dicha
moxonera, citando a la villa de La Granja
de tienpo inmemorial a esta parte, segun costa por papeles que a su
tienpo se aran y mostraran en juicio, y que, en la conformidad en que
sienpre se a echo, se hizo tanbien este año, en lo qual la billa no hiço
agravio pues fue continuando su derecho sin ynobar y, si en este
particular el padre abad de Moreruela tiene alguna carta exª, la exiba,
que su md esta presto de obedeçerla y mandarla executar y en el interim
no le pare perjuicio”.
En esos momentos las relaciones entre el concejo y
el monasterio parece que entraron en vías de una solución pacífica, pues
se desengañarían ambas partes de los gastos que conllevaban los
conflictos legales, y trataron de hacer un convenio amigable que
resolviera las diferencias sin tener que acudir a juicios. Para ello el
abad y dos vecinos con poder del concejo firmaron una concordia:
“Concordia que hizieron el P.Abad fr.Miguel
González, y el Lizdº Alonso Pérez y Dn Antonio Osorio, vºs de
Villafáfila, por virtud del poder que tenian, la q firmaron de sus
nonbres, sobre la jurisdición, pastos y quien a de apear el termº de La
Tabla y como. Año 1643.
Esta concordia parece que no se protocolizó ni se
hizo con las formalidades debidas, posiblemente por oposición de algunos
monjes que estarían disconformes con el reconocimiento de la
jurisdicción acumulativa.
En letra posterior, posiblemente de finales del
XVIII, coincidiendo con un nuevo pleito sobre lo mismo, se anota
debajo: “esta concordia, mexor se dice papel mal escrito, opuesto a
las cartas executorias ganadas por la sala en juicio contradictorio, y a
las cartas de convenio escritas en pergamino, año de 1256, es de ningun
valor i sin formalidad algª pª merecer el nombre de concordia, e
instrumento publico por faltarle todos los requisitos”.
No obstante la concordia debió de tener su efecto, y
las relaciones entre monasterio y concejo durante más de un siglo no
fueron conflictivas, realizándose los apeos de La Tabla y el Sierrico,
de común acuerdo entre ambos.
Habiendo realizado apeos en el siglo XVIII la
justicia de Villafáfila con acuerdo de los monjes de Moreruela, en 1774
alguna diferencia se había suscitado pues en ese año el monasterio
pretendió hacer un apeo con todos los pueblos corrayanos a su coto. El
concejo de Villafáfila, anticipándose al apeo que pretendía realizar el
monasterio, por acuerdo del ayuntamiento de 8 de junio, procedió a citar
a la justicia de Benavente y a la de la Granja de Moreruela para hacer
los apeos de los términos de La Tabla y Sierrico “porque en lo
sucesivo no de experimenten perjuicios que se puedan originar en punto a
la jurisdición”.
El día 14 de junio se presentaron la Justicia y
regimiento de la villa de Villafáfila en el punto donde se juntan las
rayas de Vidayanes, San Agustín y Barcial del Barco para proceder al
levantamiento de la arcas y renovación de los mojones, pero por parte de
la villa de Benavente no se presentó nadie, no obstante los de
Villafáfila procedieron a realizar la mojonera, haciendo constar el
escribano “Yo el ssnº doy fee que por no haver concurrido la xª de
Benavente a dicha mojonera, solo por la desta villa se lebantaron mitad
de mojones por la parte desta xºn. y para que conste lo pongo por
diligencia”.
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Además de a la justicia de Benavente, el ayuntamiento
de Villafáfila requirió el día 11 de junio al abad del monasterio. El
mismo 14 de junio al llegar a la raya de La Tabla y El Sierrico con La
Granja de Moreruela, los regidores de Villafáfila se encontraron con el
abad del monasterio acompañado de mucha gente del monasterio y de La
Granja, armados con palos y porras, que les requerían a que no pasaran
adelante: “Nos, los vecinos del municipio y ayuntamiento desta villa
de Villafáfila damos fe que hoy dia catorce del presente mes de junio,
acompañados de la señora justicia y regimiento, diputados personeros y
alguacil mayor, mayordomo, procuradores y guardas del campo desta
nominada villa hicimos partida a hacer la mojonera confinante con el
termino del Monasterio de Moreruela, y haviendo llegado a la hora
señalada y encontrando a el alcalde mayor del Monasterio y Granja, por
varias protestas que dicho P. abad hizo y la mucha jente que en su
compñia estaba con palos y porras, no se executo dicha mojonera, segun
costumbre”. En efecto, el padre abad, don Fray Pedro López, requirió
uno, dos y tres veces a los de Villafáfila con la Real Carta Ejecutoria
de 1566 , para que no se propasaran a hacer el levantamiento de mojones,
pues en los términos de La Tabla y El Sierrico sólo tenían comunidad de
pastos “y si insisten en hacer por si la expresada renovación o
levantamiento de arcas, desde ahora para en todo tiempo, protesto la
fuerza, violencia y usurpación de jurisdicción e inovedad a los
preceptos y mandatos del Rey, Dios le Guie, para ante quien desde luego
apelo y la interpongo”. Ante este requerimiento los de Villafáfila
alegan la costumbre: “respecto haverlo asi executado en otras
ocasiones de conformidad con dicho Real Monasterio”. El mismo
requerimiento que el padre abad, hacen el alcalde y el procurador
síndico de Granja de Moreruela “respecto no haver precedido pa ello
la devida previa citación a la justicia y regimiento de la expresada
villa de la Granja, como confinante su término con el referido de La
Tabla y El Sierrico”.
El 20 de junio los monjes y convento de Moreruela dan
poder a su procurador en Valladolid, Reverendo Padre Maestro Fray
Esteban Suarez, para que parezca ante el tribunal de Real Chancillería
contra la villa de Villafáfila por haber procedido a hacer el
amojonamiento de La Tabla. El 13 de agosto éste otorga un nuevo poder a
D. Gabriel Rodríguez procurador de Valladolid para que lleve el pleito
ante el tribunal.
Se despachó una Real Provisión por los señores
presidente y oidores de la Real Chancillería, con la que fueron
requeridos la justicia y regimiento de Villafáfila, que se reúnen en
ayuntamiento el 11 de septiembre para otorgar poder para seguir el
pleito a D. Juan Gámez de Villabedon, procurador de causas ante la Real
Chancillería. Alegan que siempre han hecho los amojonamientos citando
para ello al abad y monjes de Moreruela, “lo acreditan los mojones
que se an hecho con el dicho Monasterio y las aceptaciones a los
requerimientos despachados por los señores de justicia desta dicha villa
a dicho Real Monasterio y sus abades, porque no siendo asi no habria
dado este presente abad la aceptación a el requisito suplicatorio”.
Además declara pertenecerle la jurisdicción de los términos “y si
esto no fuera así, que esta villa estuviera en posesión de la
jurisdicción de dicha Tabla y Sierrico como está, no la hubiesen citado
los de La Granja pa que saliese al
amojonamiento de dicha Tabla confinante al de La Granja y no citaren al
Monasterio, ... por cuanto lo enagenaron los monjes de Sahagún de este
termino de La Tabla, Sierrico y Recierta, y que estaba esta villa en
posesión de la jurisdicción como al presente lo está”.
El 19 de octubre el escribano tuvo que remitir las
actas de la controvertida mojonera a la Real Chancillería de Valladolid,
por reclamación de los jueces de la misma, para conocer en la demanda
que contra el concejo de Villafáfila había presentado el Monasterio.
En la probanza de la villa, hecha en abril de 1775,
las deposiciones de los testigos hacen incapié en la costumbre
inmemorial de amojonar los términos, como prueba del ejercicio de
jurisdicción en La Tabla, reconociendo sólo la mancomunidad de pastos en
El Sierrico.
El año de 1774 cuando la justicia de Villafáfila
llegaban a la Piedra Hincada o por otro título la de Las Abejas, ya
estaba allí el Reverendo padre Abad de dicho Real Monasterio y su
alcalde mayor, acompañados de otras muchas personas, criados y pastores,
y todos iban armados de palos, por lo que no pudo llegar a formalizarse
la mojonera.
Después de varias alegaciones hechas por las partes,
y de las probanzas de testigos el tribunal emitió su sentencia : “En
el pleito que es entre Don Antonio Vives fiscal del Rey Nuestro Señor en
lo civil en esta su Real Chancillería de la una parte; el R.P. Avad y
Monges del Real Monasterio de Santa María de Moreruela, Orden de Nuestro
Padre San Bernardo, y Gabriel Rodríguez de Losada su Procurador;
la Justicia, Regimiento, Concejo y vecinos de
la villa de Villafáfila y Juan Gómez de Villavedón, su procurador de la
otra:
Fallamos atento a los autos y méritos del proceso
de este dicho pleito y causa que devemos de revocar e revocamos los
autos y procedimientos en su virtud obrados por la Justicia de la villa
de Villafáfila; y en su consecuencia mandamos se repongan las cosas al
ser y estado que tenían, con arreglo a lo mandado en la Real Carta
Egecutoria obtenida por el R.P. Avad y Monges del Real Monasterio de
Santa María de Moreruela el año pasado de mil quinientos sesenta y seis,
y si la Justicia, Concejo y vecinos de dicha villa de Villafáfila
tubiese que pedir o demandar sobre la comunidad de pastos en los sitios
de la Tabla y el Sierrico, lo hagan donde, como y ante quien la combenga,
y no hacemos condenación de costas y por esta nuestra sentencia
definitiva así lo pronunciamos y mandamos:
D. Juan Antonio García de Herreros. Cristóbal de
Arquellada. D.Gonzalo Galiano.
Dada y pronunciada fue esta sentencia por los
señores Presidente y oidores de esta Real Audiencia y Chancillería del
Rey Nro Señor, estando haciendo la publica en Valladolid a siete de maio
de mil setecientos setenta y nueve”.
El concejo de Villafáfila presentó una protestación
de la sentencia y pidieron su revocación, y el monasterio pidió su
confirmación y que se condenasen en las costas a sus contrarios. Los
jueces volvieron a pronunciar sentencia en grado de revista confirmando
la anterior.
A petición del monasterio se hizo la tasación de
costas que ascendió a 489 reales y 20 maravedíes, que debía pagar el
concejo de Villafáfila que había sido condenada en costas.
Pero el ayuntamiento de Villafáfila se negaba a pagar
las costas y a reconocer y acatar la sentencia, lo que obligó al
monasterio a acudir de nuevo al mes siguiente ante el alto tribunal en
demanda de una Real Provisión en la que se mandara al concejo de
Villafáfila que acataran las sentencias y a que abonaran las costas que
se habían incrementado en 166 reales de los costes de la emisión de la
citada Provisión y Ejecutoria.
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Cuando el monasterio trató de proceder a ejecutar el
apeo de los términos de La Tabla y Sierrico y renovar sus arcas y mojones
en 22 de septiembre de 1781, encontró de nuevo la oposición de los
vecinos de Villafáfila que no atendieron a sus requisitorias: “reincidiendo
en la temeridad de no corresponder la jurisdicción del espresado término
de La Tabla y Sierrico al referido
Monasterio con cuio motivo fue forzoso suspender la prosecución de la
esplicadas citaciones y acudir por vía de queja a la Real Chancillería”,
por lo que el monasterio acudió de nuevo ante el Tribunal: “teniendo
el Monasterio precisión de apear los dichos términos por medio de su
alcalde mayor libró éste los requisitorios conducentes para las
citaciones de los confinantes que dieron su cumplimiento liso y llano, a
excepción de Villafáfila que, formando enpeño de contrabenir a las
Reales Executorias y procurando turbar y negar su literal expreso quiere
aparentar no competir por ellas a mi parte la jurisdicción.”,
solicitando el procurador de los frailes que: “se sirva librar a mi
parte vuestra Ral Provisión auxiliatoria con graves penas para que
la Justicia y Ayuntamiento de Villafáfila dé
entero, liso y llano cumplimiento a las requisitorias que en esta y en
otra cualquiera razón, se libraren por el Alcalde Mayor de los cotos del
dicho monasteriosin impedir en modo alguno el intentado apeo y que la
Provisión que se libre sea a costa de la supuesta justicia y su
Ayuntamiento”. El Alto Tribunal libró en
enero de 1782 una nueva provisión, en principio a costa del monasterio,
para que la justicia y regimiento de Villafáfila: “siendo con ella
requeridos por parte de el Abad y monjes del Real Monasterio de
Moreruela, yendo en forma las requisitorias que se libraren por el
Alcalde Mayor de los cotos de dicho Monasterio, las dareis entero, liso
y llano cumplimiento sin impedir a el mencionado Monasterio el apeo que
tienen yntentando hacer de las heredades y efectos que les corresponden
en término de esa nominada Villa y si causa o razón tubieres para lo no
hacer, guardar, cumplir y executar así, la vendreis a dar dentro de ocho
días primeros siguientes a esta nustra Audiencia”, poniédoles una
pena si no lo cumplían de 20.000 maravedíes (588 reales).
El 23-1-1782 se requirió con esta Provisión al
Ayuntamiento de Villafáfila, que la aceptó.
En marzo de 1783 se libraron las requisitorias
correspondientes por el Alcalde Mayor de los cotos del monasterio, Don
José Joaquín, a las justicias de los pueblos conrayanos para proceder a
hacer la mojonera.
Cuando llegó la citación al ayuntamiento de
Villafáfila, el Alcalde Mayor de la misma, el Ldo D. Rafael Pantigoso,
procedió a comvocar para el día siguiente a las tres de la tarde a los
capitulares del ayuntamiento.
“A la hora señalada de las tres de la tarde de
este día ventiocho de marzo de 1783 fueron congregados los señores
justicia y Regimiento en este su ayuntamiento y son especialmente
Ldo D. Rafael Pantigoso, Alcalde Mayor, D.José Costilla y Antonio
Ledesma Lobato, Alcaldes ordinarios por ambos estados noble y general,
D.Tirso Díaz y Bernardo Riesco regidores y José Herrero Bravo procurador
síndico general, y echos cargos de quanto contiene dixeron: que no a
lugar a su cumplimiento por no venir documentado en devida forma dicho
despacho requisitorio respecto no venir inserta
la Real Provisión que haze mención y respuesta en su
consecuencia dada por los Capitulares del Ayuntamineto del año ante
proximo. Esto respondieron y firmaron dichos señores.”
El día 11 de abril de 1783 se encontraba el Alcalde
Mayor del Monasterio, D.José Joaquín, la justicia ordinaria de la villa
de Granja, el escribano y el Prior del Moansterio, R.P.Fr. Manuel
Canabal, a las diez de la mañana en el punto donde se une el término de
Santovenia y La Recierta, esperando a que apareciera la justicia de
Villafáfila, que había sido citada mediante un “nuevo aviso que se la
comunicó por carta misiva” y esperaron hasta las 12 y “viendo que
no compadecía persona alguna de los interesados en la explicada
Recierta, providenció su merced que se executase sin su asistencia
renovando los mojones por parte de este dicho término de La Tabla y
dando principio se notó que en 1107 pasos medidos que hay desde la
última marra con el de el lugar de Santovenia, vajando por el camino que
se trae desde la nominada villa de Villafáfila a la de Granja de
Moreruela, nombrado de las Manseras, que es el que divide la dicha
Refierta y este término de La Tabla, hasta el primer mojón o arca donde
comienza la deesa de San Esteban de Muélledes, no hay mojón alguno y por
lo kismo no se renovaron ni permitió su merced se levantasen de nuevo
sin asistencia de los interesados por no cometer nulidad, teniéndose por
bastante la divisoria que hace el citado camino por aora”.
Las espadas seguían en alto, y las sentencias no
ponían fin a esta situación conflictiva.
En 1785 los monjes presentan un nuevo escrito en
papel sellado, posiblemente ante algún juez, pues en la copia conservada
no se aclara, denunciando que: “algunos forasteros, cuyos nombres se
ignoran, se an propasado a lebantar corrales en el citado termino de La
Tabla obrando clandestinamente sin la correspondiente licencia del Rdº
P.Abad”, los corrales ponían en cuestión el derecho de propiedad del
monasterio sobre el término, solicitando “se sirva pasar a recorrer
dicho termino y, allando en el algunos corrales levantados, mandar que
de luego a luego se derriben, procediendo por prision y embargo de
vienes contra las personas que aora e en algun tiempo hallan lebantado
aquellos corrales”. Lo firma el Ldo D.Felipe Argenti Leys, abogado
residente en Villafáfila, lo que no obstaba para que trabajara para el
monasterio.
Como la justicia de Villafáfila seguía actuando en
la Tabla y prendando los ganados de los forasteros que entraban
ilegalmente en el término, los monjes tratan de proceder, mediante
querella, contra uno de los alcaldes de Villafáfila, que, a pesar de
conocer las sentencias anteriores, seguía procediendo y juzgando en esos
casos. Además parece que el ayuntamiento de Villafáfila hizo o trataron
de hacer un nuevo amojonamiento en 1798. La prendada había ocurrido en
el año próximo pasado de 1797 y ese año “tuviese el arrojo el
prenotado Aiuntamiento i Xª de propasarse á hacer el Apeo, deslinde, y
amojonamiento de los terminos de La Tabla
y Sierrico”.
Así se deduce de escrito sin firma que puede ser un
parecer de letrado, que recomienda que, antes de proceder contra el
citado alcalde, se informen con precisión de los detalles, y por ello se
hace una relación de lo acontecido en los últimos años:
Según el informe del letrado deben proponerse dos
demandas, una en particular contra el alcalde Don Alonso de León, por
haber juzgado la prendada de José Gutiérrez y la otra contra la Justicia
y Regimiento de Villafáfila por haber hecho el apeo“...pues valido de
la ocasión de ser alcalde y ser pariente suio el escribano del
ayuntamiento fue motivo para que en el mismo año el Ayuntamiento de
Villafáfila hiciese el deslinde y amojonamiento del termino de
La Tabla y Sierrico con el notable vicio y
defecto de no aver citado al Monastº para el mismo a fin de que no se
supiese y se irrogase el perjuicio que fuera posible”.
La querella personal sería más efectiva en caso de condena pues a un
particular le es más fácil la exigencia de responsabilidades.
Por esas fechas también hubo algún conflicto entre
los monjes de Moreruela, propietarios de buenos montes cercanos a
Villafáfila, y los administradores de la Real Fábrica de Salitres,
establecida en la villa, sobre la facultad de cortar leña, necesaria
para el funcionamiento de esta industria. Había una instrucción que
establecía un uso rotatorio de los montes cercanos, basada en ciertas
Pragmáticas Reales, que regulaban el uso de los montes particulares para
cortar leña con destino a las fábricas de salitres.
En febrero de 1796 se dispuso que se cortase leña del
monte que tocaba, que era el que los frailes de Moreruela tenían en el
sitio y paraje llamado el Priorato y Facera, para lo cual el
Administrador acudió al Caballero Intendente de Zamora, que era la
autoridad política de la provincia, precursor de los gobernadores
civiles, y sacó un Despacho, para que, bajo ciertas precauciones, se
cortase las clases de leña permitida para la fábrica, llevando los
leñadores una papeleta firmada por el Administrador de la fábrica, para
presentarla a los guardas del monte. Los frailes nombraron como Alcalde
Mayor de sus montes a un abogado de Villafáfila, Ambrosio Díaz Costilla,
que formó autos judiciales contra los que cortaban la leña, alegando
tres cuestiones: que primero se había de sacar de los montes públicos,
antes que de los particulares; que sólo sacaran cuatro cargas de leña
para cada arroba de salitre afinado que se fabricara; y que los
leñadores tenían que acudir a presentar una papeleta firmada por el
administrador al monasterio antes de ir al monte, de donde distaba una
legua. La verdadera intención de los frailes era que se les pagara algo
por la corta de la leña de sus montes:
“pues estos frailes dicen que embiando yo criados
de la fabrica, daran la leña rocera de valde, pero que mediante que a
los que conducen la leña se les paga, que estos deven de pagarsela a
ellos”.
Si se consienten estas pretensiones aumentarían los
costes de la leña y ya no podría comprársela la fábrica a 12 mrs a los
leñadores, con el consiguiente encarecimiento de los costes de
producción, según manifiesta el administrador del establecimiento.
A finales del siglo XVIII el monasterio trata de
vender el término de La Tabla, por las limitaciones que el pasto común
de los ganados de Villafáfila ponen a la explotación para el cultivo de
esas tierras, y para ello se dirigen al Ministerio de Hacienda
solicitando permiso para la enajenación de esas tierras, a cambio de una
contribución a la Real Hacienda de 100.000 reales.
El argumento de derecho principal del monasterio de
Moreruela en todos los pleitos que mantuvo con el concejo de
Villafáfila es la equiparación del actual término de La Tabla con el
antiguo de Montenegro, del que el monasterio tiene precisas escrituras
de dominio. Pero del análisis pormenorizado de los límites antiguos que
hago en la primera parte de este artículo, por lo menos es dudoso que La
Tabla se incluyera en el antiguo Montenegro, situado claramente en ambas
orillas del Esla, en torno a la ermita de la Pedrera, no así El
Sierrico, que sí creo que formara parte de la donación de Ordoño III de
951, y fue el objeto del convenio de 1256, claramente delimitado por los
caminos de Moreruela a Bretó y a Villafáfila que confluían en la Piedra
Hincada.
Los primeros años del siglo XIX trajeron como
consecuencia de la Guerra de Independencia y de la Desamortización, la
desaparición de la comunidad de monjes del monasterio.
Los nuevos tiempos y nuevas ideas que trajo la
revolución permitieron a los monjes que volvieron al monasterio cultivar
parte del término de la Tabla, mediante arrendamiento, y así consta en
un pliego escrito sin fecha en el que se hace referencia a las rentas de
tres términos periféricos al coto de la abadía: La Tabla, Valdemaría y
Las Apretaduras. Sobre la primera dice: “El termino titulado de
La Tabla en cuio termino los vecinos de la
villa de Villafáfila tienen mancomunidad de pastos y por cada carga de
tierra que siembran en el pagan tres eminas de trigo. Y por combenio
echo entre el Monestº y los curas Parrocos de dicha villa, el Diezmo
tanto de Grano como de Corderos se divide por mitad”.
La primera consignación de rentas de la Tabla es del
bienio1815-16 y se recibe de renta 7 fanegas y 6 celemines de trigo. La
renta se percibe cada dos años supongo que por la práctica del sistema
de barbecho. Las cantidades percibidas van aumentando con los años
seguramente por un incremento de la superficie cultivada. Así el año
1817-1818 se recaudan 7 f y 6 c. de tº y 5 f de cº y 5 f de cº, el año
1819-20: 22 f. y 6 c. de tº y 19 f. de cª. Después del regreso de la
comunidad en 1823 se anotan 18 fanegas de trigo. En 1825-26 se reciben
70 f. y 2 c. de centeno y 24 f. y 4 c. de cebada. A partir de 1827-28 la
renta asciende a 100 fanegas de centeno cada 2 años, la última recibida
en 1835
Como resultado del Decreto de supresión de las
Ordenes Regulares de 1809 se produjo la primera exclaustración de los
monjes en diciembre de ese año, con incautación por parte del ejército
francés de numerosos bienes del monasterio, volviendo la comunidad a la
abadía en junio de 1814. Nuevamente en noviembre de 1820, como
consecuencia de las leyes del trienio liberal la comunidad tuvo que
dejar el monasterio. En junio de 1823 vuelven los monjes al monasterio
que definitivamente abandonan a finales de 1835.
La cercanía de la abadía propició que por parte del
clero de Villafáfila se procediese al traslado de varios objetos de
culto y ornamentos desde la iglesia conventual hasta las iglesias
parroquiales de la villa durante la primera exclaustración en los años
de la Guerra de la Independencia. Así los párrocos de Villafáfila
acudieron el año 1812 al monasterio, que se hallaba abandonado y
trajeron varios altares e imágenes en calidad de depósito Estas
situaciones de depósito de bienes en las parroquias de Villafáfila se
volvieron a producir en la exclaustración del trienio liberal.
Poco sabemos del destino de los monjes
exclaustrados, algunos se integrarían en la vida civil, otros seguirían
en otras órdenes religiosas o en el clero secular.
Conocemos la suerte de algunos de los últimos monjes,
que pasaron a morar a Villafáfila, donde fallecieron, así en 1836
falleció Fr. Cándido Cabreros de 77 años, exclaustrado de Moreruela,
dejando en su testamento por herederos a la familia que lo recogió y el
cargo de 400 misas. En 1841 murió Fr. Manuel Ledo de 37 años, el último
prior de Moreruela, que con la extinción del monasterio trasladó la
botica conventual a Villafáfila.
Con la desamortización las posesiones de los
monasterios se pusieron a la venta, participando muchos vecinos de
Villafáfila en las adquisiciones.
Entre las heredades que estaban sin vender en 1840 en
la provincia de Zamora se cita La Tabla, de 880 fanegas de tierra que
rentaba 50 fanegas de centeno anualmente.
La gran extensión de este término hacía inviable su
adquisición conjunta por los labradores comarcanos. Por fin en 1843 La
Tabla se dividió en 10 quiñones, para hacer más asequible su compra, de
los cuales 8 fueron adquiridos por D. Marcelino Trabadillo, un abogado y
relator, natural de Villafáfila y residente en Madrid, que además
adquirió el Priorato del Hoyo, también procedente de los bienes
monásticos, y otros muchos bienes inmuebles. Los otros dos quiñones de
La Tabla los compró Antonio Rodríguez Palomino, un labrador de
Villafáfila.
Con la promulgación de la Ley de Términos
municipales, Villafáfila consiguió que los términos de La Tabla se
incluyeran en su término municipal, renunciando a los derechos sobre el
Sierrico, y así permanecieron hasta 1965 en que se perdió un pleito que
suscitaron los ayuntamientos de Granja y Villarrín.
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